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México está de pie

Escrito el 27 de septiembre del 2017.

Hace 2 días mi avión aterrizó en Ciudad de México, mi corazón se hizo chiquito al ver la ciudad, una nube negra (de contaminación) cubre la ciudad, pero esta vez parecía especialmente gruesa. En tan solo 12 días muchas cosas cambiaron.

Regreso en mi mente al 19 de septiembre, es mi cumpleaños y estoy en Mindo – Ecuador. El teléfono de mi esposo suena porque yo estaba en una limpia de la vida digital. Miles de cosas pasan por mi cabeza cuando empiezo a ver en twitter todo lo que esta pasando. Lo primero que hacemos es escribir a la cuidadora de nuestra perrita, ella esta bien, pero no está en casa, va en camino, no sabe como está mi pequeña. Durante las siguientes horas lo único que hacemos es escribir a nuestra familia y amigos, lentamente sentimos el alivio de saber que los que nos importan y queremos están bien. Son las 8 de la noche, seguimos sin tener noticias de Ramona, vemos las listas de los edificios caídos y se me escapa un gemido cuando leo la calle que puede ser la dirección donde se quedó Ramona. Buscamos con desesperación la dirección exacta. No es. Finalmente horas después recibimos noticias de que Ramona y sus cuidadores están bien, pero están en la calle. Lo que me cuentan me hace pensar en una zona de guerra, no hay luz, no hay semáforos, la ciudad es caos.

Pasan los días y las noticias me golpean. Al tercer día apago la televisión, no puedo seguir viendo. Hago una donación a la cruz roja mexicana, incapaz de hacer algo más. Me duele el corazón. Necesito estar en México ya.

El avión pasa sobrevolando la ciudad, no alcanzamos a ver nada fuera de lo ordinario, pero siento esta gran tristeza. Siento que la ciudad y sus habitantes están de luto. Estamos de luto.

Salir del aeropuerto es una odisea, llegamos a la terminal 2 donde el acceso al segundo piso está cerrado. Parte de la rampa se vino abajo. Hay policías por todos lados, de pronto se escucha un estruendo y una nube de polvo se levanta, suenan sirenas, gente corre hacia la nube de polvo. No sé lo que sucede, nuestro auto llega y nos subimos dejando atrás la conmoción.

Definitivamente la ciudad no es la misma.

Recorremos brevemente la ciudad en nuestro camino a casa en cabify, el conductor se escucha optimista, nos da un par de códigos de descuento. El y su familia están bien. En nuestro camino ya podemos ver edificios heridos de muerte pero en pie. Son pocos, pero me hacen temer llegar a casa y ver mi departamento.

Casi entro con los ojos cerrados a mi departamento, me quedo como boba mirando a mi alrededor, hay cosas en el suelo, pero no muchas, mi computadora está en el mismo lugar, las plantas también. Algunos libros quedaron panza arriba, mi cámara Fuji también. Los cajones abiertos, las puertas cerradas, nada grave, las paredes intactas, los vidrios también. Respiro aliviada. Miro por la ventana a la ciudad y pienso que mientras hoy yo dormiré cómoda en mi cama todavía hay gente atrapada en los escombros.

Al día siguiente salimos hacia la Roma, en internet anuncian que una librería afectada está vendiendo sus libros a precios bajos para no tirarlos. Nos encontramos con una cola de 6 cuadras o más (nunca vimos el final de la fila). Recorremos una de las zonas más afectadas a pie y se ve en relativa normalidad, gente riendo, algunos comiendo, y de vez en cuando vemos edificios con cinta amarilla rodeándolos. Hay algunos que no parece estar afectados otros claramente están a punto de caerse. Y luego la vista más desoladora, ahí cerca de viaducto, montones de flores en lo que solía antes ser un edificio.

La calma parece volver a la ciudad pero aquí y allá hay miradas tristes. Hacemos lo que podemos para continuar, la chica practicante alemana junto a mi jura que está temblando, intento decirle que es normal, que a veces nuestra mente nos juega sucio. Parece que logro tranquilizarla un poco. Hoy sigo viendo más edificios colapsados, el metrobus es gratis, pero está parcialmente cerrado y no logro llegar a mi parada usual, hay un edificio que colapsó en la vía. Hay carteles escritos con marcadores indicando centros de acoplo para ayudar.

Empezamos a hacer bromas de que justo me toco cumplir años en este día. Creo que el humor es señal de que empezamos a sanar.

Viví el temblor del 7 de septiembre en un 9no piso (casi lloro del miedo) y he sentido muchos otros durante esa época difícil en Ecuador de 2016, comprendo y a la vez no puedo imaginar lo que vivieron aquí.

De alguna forma siento que esta tragedia me ha mostrado el México que tanto he buscado, el que me enseñaron a amar siendo extranjera en mi propio país. México no es solo el país corrupto, no es solo inseguridad y muerte, no es solo políticos mediocres. México es esta gente luchona, chingona que con las manos desnudas sacaron a su prójimo de los escombros, es la gente que en medio de la confusión se fue a hacer kits de ayuda, la gente que no espero a ningún político para poner manos a la obra. México es este país lleno de gente de corazones grandes. Estoy orgullosa de que esta sea mi ciudad y de ser parte de ella, para bien o para mal de aquí soy.

Espero que no olvidemos lo que se ha vivido en estos días, que sigamos siendo valientes y ayudándonos los unos a los otros, para decir que el mejor amigo de un mexicano, Sí es otro mexicano.

México está de pie.

 

 

 

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Cyndi Caviedes is a Visual Artist. She is passionate about film, photography and life. Quito - Stuttgart - Mexico City

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